Enfrentar los miedos (sin cagarse en el intento).

 

 

Una de las grandes características que tenemos los seres vivos es la capacidad de sentir miedo. Esa sensación que agrupa impotencia, dolor, parálisis y chaqueta mental (entre otras) que causa una variada manifestación de conductas extrañas.

Como el ser humano es una especie tan simplemente compleja, los miedos tienen una repercusión en casi toda nuestra integridad. Nos detienen a hacer cosas (o nos empujan a hacerlo), nos limitan (o nos hace desconocer los límites), nos hace parecer estúpidos (o valientes, dependiendo del enfoque) y, principalmente, nos consumen.

¿Y por qué digo que esta es su principal característica? Pues simplemente porque los miedos pueden limitarnos, detenernos, evaluarnos, valorarnos, envalentonarnos o empujarnos, pero invariablemente esa sensación incómoda deshace un poco el espíritu que tenemos (sí, si tenemos espíritu, está más o menos ubicado atrás del corazón y entre los pulmones, en el punto medio del sistema nervioso que conecta el cerebro con el culo. Por eso cuando nos da miedo pensamos de más o se nos arruga la cola).

Las personas que estudian la psique humana, hacen una continua referencia a vencer los miedos como parte del aprendizaje personal, argumentando (o justificando) que es normal que los humanos tengamos miedo, pero ¿qué pasaría si una persona no le tiene miedo a nada?, pues, sería digno de otra consulta, porque no sería un humano normal, y ESO es precisamente lo que yo soy.

 

La anormalidad siempre ha sido parte de mi manera de ser y de vivir, así como la necedad y tozudez. Toda mi vida he tenido un miedo atroz a las arañas, y la neta no sé las razones, por lo que antes de cumplir mis 28 años (que para cuando escribí esto, ya los había cumplido) me decidí a terminar con ese sentimiento culero. Esa necesidad de quitarme el miedo, nació cuando cinco días antes de mi cumpleaños, en la madrugada del martes 3 de julio, tuve una pesadilla de la recontrachingada con arañas, que me despertó con mucho miedo y casi llorando. Eso detonó mi necesidad de quitarme la aracnofobia.

Estuvo de la chingada, para ser honesto. Desde el momento que fui a la tienda de mascotas a escoger todos los aditamentos que requiere un animal de éstos para tener una vida más o menos decente, y elegir la que sería mi artrópodo de Indias, fue un proceso mentalmente extenuante. He de confesar que no fui solo, me acompañó mi carnalito Memo Mena (@FUSAREC pa´que lo sigan) el cual, como buen amigo, estuvo burlándose durante todo el proceso. Aún así, no sé si lo hubiera hecho solo.

Cuando la chava que me estaba explicando todos los cuidados que necesitaba la tarántula, mientras ella sostenía una y claramente sentía que los ojos gachos de la cosa esa me estaban viendo, me preguntó que si la quería agarrar (a la araña). Sin pensarlo estiré la mano, y sentí como ese animal caminaba lentamente por la palma, intentando llegar a mi brazo. En ese preciso instante, mis calzones trajeron como resultante una trayectoria de unas cuantas gravedades, y sentí como la sangre se abultaba en mi cabeza, provocándome una dolorosísima punzada en la parte izquierda de mi cerebro. Mi corazón latía increíblemente rápido y tuve fuertemente la necesidad de cerrar la mano con todas mis fuerzas, y terminar con eso que tanto me amenazaba. Pero no lo hice.

No lo hice porque estaba paralizado de miedo, me cae que ganas no me faltaban. La chava tomó otra vez a la tarántula y se la llevó con todas sus cosas. Hice un esfuerzo sobrehumano para no empezar a gritar cual doncella de cuento ante un dragón. Aclaré mi garganta, lo cual era señal de mis testículos intentando regresar a su posición original. Y sin pensarlo, pagué y nos fuimos de ahí.

Después de dos cigarros, Memo me llevó a mi casa, dejándome sólo con esa abominación. Comencé a verla, a analizarla. Ya no me daba miedo estar cerca de ella, ahora me daba miedo volverla a tocar. Para esto, convoqué a rueda de prensa a la banda, evento al que sólo asistieron Daniel (@hectordramos), Paola (@bochoamarillo), Susy (no me acuerdo de su Twitter) e Itzel (@itzelhdz).

Estuve de nuevo frente a la tarántula, listo para agarrarla y jugar con ella, el miedo disminuyó, y comencé a manipularla hasta dejar que se acercara a mi rostro y caminara sobre mi cabeza. El miedo se fue, y en ese momento me sentí el hombre más valiente de todo el mundo (Juan sin miedo y Daredevil, me la pelan putos!!!!).

 

Así, que para recordar este momento, Daniel sacó el video que les presento, y las demás chavas sacaron fotos que también pongo aquí. Estuvo bastante divertido esto de afrontar los miedos, una excesiva dosis de adrenalina con algo tan simple. Peleen con sus miedos, neta, se van a divertir.

Si alguien se pregunta qué jodidos le pasó a la tarántula, se la regalé a Paola. Nunca fue mi intención conservarla, y además, sé que ella la va a cuidar muy bien.

Así que mi cumpleaños 28 se lo dedico, primeramente, a mí, por tener los huevos para hacer eso; y a “Epifania”, la tarántula que me ayudó a vencer ese miedo. Si ya sé, se escribe “epifanía” pero analicen el texto anterior y se darán cuenta del porqué decidí que se llamara “Epifania”. ¡Ah! El acento fue mero cachete y estilacho.

 

Repito, enfrenten sus miedos… la diversión

está garantizada.

 

 

About Axel

Comunicólogo amante de esos detalles que nos hacen ser una sociedad bizarra, idealista y dañina. Productor audiovisual, locutor comercial, maestro universitario y conductor de INDIRECTO TV